lunes, 1 de mayo de 2017

Fotogramas oníricos con y sin filtro

María se despertó de repente con un terrible dolor de cabeza, miró a los lados de la cama y vio su ropa esparcida por el suelo. El día de ayer había sido uno de esos días en los que quedó inocentemente con su mejor amiga para comer y acaba en una fiesta improvisada en su casa con desconocidos, al menos eso decían los pocos flashes que aún le quedaban en la cabeza y que estaban cercanos a fundirse. Más tarde, pensó, trataría de recopilar más información con su amiga periodista, hasta crear una historia de la noche más o menos coherente, aunque ésta no lo fuera.

Cogió su Iphone de la mesilla para ver si encontraba alguna pista más de la noche anterior. Descubrió una conversación de dos minutos con su amiga y una llamada perdida posterior. ¿Nos habríamos perdido en algún momento de la noche? Se preguntó. Posiblemente, siempre ocurría. También una llamada perdida de un número desconocido y varias conversaciones de amigos del Whatsapp no contestadas y que terminaban en un Qué tal tú?. De repente se le iluminó la bombilla, que creía ya fundida, y buscó en el carrete fotos del día de ayer. ¡Bingo! Había varias fotos que no le resultaban familiares. La última había sido tomada hacía solo media hora, qué extraño, no podía ser, hace treinta minutos estaba en la cama. En ella aparecía un chico joven dándole un beso a un gato enorme sobre una montaña de barras de pan del bueno, no del congelado. Había toda una serie de los dos en diferentes posiciones, sexuales. María hizo un zoom, pero se dio cuenta de que no conocía a ninguno de los dos, ni al chico, ni al gato. Siguió pasando fotos hasta que descubrió una nueva serie tomada en ¿una piscina? una piscina increíble por cierto. No recordaba haber estado allí la noche anterior, ni haberla visto antes. En una de las paredes laterales se podían ver varias mini piscinas a modo de cápsulas individuales donde se bañaban y relajaban varias personas. Las fotos eran muy chulas, bien encuadradas, rollo geométrico. Subiré algunas de ellas al Instagram con el filtro Valencia. Pensó. ¿Cómo podía ser que no recordara nada?. Además tampoco tenía el pelo rizado, por lo tanto puede ser que hubiera estado allí pero no se hubiera bañado, era lo único que se le ocurría. Las fotos se habían hecho sobre las 5:30 am.
Le escribió un Whatsapp a su amiga preguntándole por la noche anterior, a lo mejor ella podía sacarle de ese laberinto de rayada mental en el que se encontraba inmersa. También le mandó varias fotos del chico besando al gato y de la piscina. Mientras tanto, se dispuso de nuevo a pasar fotos hasta descubrir otras tres, de nuevo tan enigmáticas como las anteriores. En ella aparecía un mujer muy fea, nunca había visto a una mujer tan sumamente fea, vendiendo quesos en un puestecillo. Analizándola minuciosamente descubrió que la foto había sido tomada justo en frente de la cochera de su pueblo. El corazón de María empezó a latir cada vez con más fuerza. Estas fotos empezaban a confirmar la locura que durante tanto tiempo había creído inherente a ella. Miró en los detalles técnicos de las tres fotos. Habían sido tomadas a las 5:17am una de ellas, y las otras dos a las 5:18 am. Su móvil se había vuelto loco, era la única explicación coherente, su hermano o su madre que estaban en el pueblo se las habrían mandado ayer, y éstas se habrían cambiado de carpeta erróneamente y movidas al carrete de fotos hechas por el móvil. Eso tenía que ser, no, no estoy loca, aún. Pensó. Pasó las tres fotos y volvió a descubrir algo desconocido, esta vez un vídeo. Respiró hondo y pulsó el Play. Ya se esperaba cualquier cosa. En él salía otro puestecito, esta vez en ¿El Rocío? Lo reconoció rápidamente, recordaba haber visitado la ermita en una de esas excursiones repetitivas y monótonas de su colegio. El vídeo estaba rodado allí, María no tenía ninguna duda, salvo por el hecho de que cada vez tenía más dudas. Continuaba el vídeo grabando la ermita por fuera, justo delante de ella se asomaba la portada iluminada de la feria de abril de Sevilla de este año, salía Curro en el 25 aniversario de la Expo 92'. De repente, la cámara enfocó al suelo, en él se veía una especie de huevo de Pascua hecho añicos, entre los pedazos de chocolate un euro. ¡Un euro! Lo voy a coger. María reconoció su voz en el vídeo. Era ella quien había grabado el vídeo pero ¿cómo podía ser? Era completamente imposible que hubiera estado la pasada noche en El Rocío a las 4:12 de la mañana. No entendía nada. La cámara bajaba hasta el suelo lentamente. Cuando la mano de María estaba a punto de coger la moneda, la cámara se gira y enfoca al supuesto dueño del puesto que se acerca a la cámara mientras sostiene un cepillo y un recogedor de aluminio. No cojas eso del suelo chiquilla, yo te regalo otro huevo. Se le escucha decir al dueño. María piensa que se ha quedado sin el euro, pero con un huevo de 1 euro. Es justo, piensa. Fundido en negro y finaliza el vídeo.

María se despierta con un terrible dolor de cabeza, coge el móvil de la mesilla para ver la hora que es. Había recibido un Whatsapp de su mejor amiga preguntándole por las fotos que le había mandado, por el chico, el gato y la piscina. Busca en el carrete y descubre varias capturas de pantalla y autofotos de ella en la cama de sólo hacía varios minutos. ¿Es posible que ahora los Iphones pudieran fotografiar los sueños? Sería una nueva actualización. Esta vez Apple había logrado sorprenderla realmente. Dejó el móvil en la mesilla y volvió a poner la cabeza sobre la almohada. Y si ésto es así ¿en cuánto tiempo se llenará la memoria del teléfono? ¡Con lo que sueño yo!...
Pensó.

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