jueves, 13 de octubre de 2011

Radionovela por uno mismo

Tengo el placer de presentar hoy la primera historia del lazo lazy por capítulos.
Ni yo misma sé cuánto tiempo durará, ni cómo se desarrollará, ni por supuesto cómo terminará; pero solo espero que la disfrutéis como el resto de mis historias surrealistas, si es el caso  y aunque no merezcan ni siquiera pertenecer a dicho género. Aprovechen mi minuto de modestia al día porque normalmente no lo hago público.

CAPÍTULO 1 INTRODUCCIÓN

Se dice que un pequeño cambio puede generar grandes resultados, la historia que voy a contar a continuación es algo así como un ejemplo práctico de dicha teoría.


Mi nombre es Oli y nací no mucho  tiempo atrás en un malogrado barrio de Estambul, a pesar del adjetivo se podría decir que vivía de forma holgada, digamos que entre mierda, pero esa condición no es algo negativo en nuestra sociedad.

Mi vida siempre ha sido bastante primaria. Desde pequeño me mostraron mi verdadera función en el mundo, básicamente: comer para crecer, crecer para reproducirme, reproducirme para morir en paz, y morir en paz para dejar mi sitio al que viene detrás. 

Estéis de acuerdo o no, es la naturaleza quien dictó hace millones de años tales indicaciones, mi cultura las obedece,  es el hombre el único que ha osado contrariarlas a lo largo de la historia con sus inventivas de vida sana con el fin de alargar su vida.

Nosotras en cambio tratamos de vivir al límite, vivimos de vuestros desperdicios  y gozamos con vuestros despistes diarios.

Somos conformistas y austeras pero nos gusta, como a los rockeros, vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver.  

Vivimos en alerta y en continuo peligro, sufrimos racismo y xenofobia en nuestras propias carnes y la mayoría de las especies nos odian, nos agreden y nos insultan; pero no somos putas no, somos princesas que sufrimos de incomprensión social.

También debo decir en vuestra defensa que quizás a veces nos lo merezcamos, ya que otra de las características inherentes a nuestra especie es el masoquismo. No podemos evitar molestar hasta la saciedad, da igual si existe o no comida de por medio, nuestra naturaleza nos obliga a través de una fuerza sobrenatural a incordiar sin razón aparente hasta la muerte o hasta la extenuación de alguno de los contrincantes enfrentados…

Somos como bien dice una de vuestras expresiones pesadas como…
  
Continuará…


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