miércoles, 19 de octubre de 2011

Obsesión, de Calvin Klein


CAPÍTULO 3

María daba voces mientras se lamentaba mirando al suelo. Su madre acababa de romper su carísimo frasco de Obsesión de Calvin Klein que hacía una hora había comprado en el aeropuerto por un precio bastante razonable, en comparación con lo que costaba en España. 

La moqueta del pasillo del Boing 747 donde se había derramado empezaba a adquirir un color verde rana y la fragancia comenzaba a propagarse rápidamente por el resto del avión. Algunas mujeres de avanzada de edad fingían mareos y acaloramientos, mientras que otros pasajeros observaban divertidos la escena. 

No tardó mucho en  acudir una de las azafatas, daba miedo la cara que traía; no se molestaba ni siquiera en ocultar su malestar ante tal desafortunado inconveniente. Estaba cansada y no se encontraba con ánimos para mostrar su resplandeciente sonrisa forzada que tanto tiempo le había llevado perfeccionar.

Con más pena que gloria, la azafata consiguió rápidamente controlar la situación y pidió lo más educadamente que pudo que la gente se sentara y se colocara correctamente el cinturón ya que era inminente el despegue.

 Al mismo tiempo otra de sus compañeras luchaba por imponerse al algarabío y subía cada vez más su tono con el fin de que su discurso llegara a las filas de atrás; filas que preferían atender a lo que estaba sucediendo entre la madre y la hija "indignada" que salvar sus vidas en el caso de accidente aéreo sin probablemente supervivientes.

Mientras  la madre lograba apaciguar a la hija, de la forma habitual, en este caso prometiendo comprarle una nueva colonia cuando llegara a Madrid; poco a poco se llegaba a la normalidad de un aburrido vuelo sin ninguno de los personajes de los que informan las noticias, del tipo, la que es expulsada por encender una cerilla en el servicio para evitar el olor o el cantante que se emborracha y forma un pollo. 

Y es en ese mismo instante, mientras los operadores cierran las puertas del avión, cuando hace su entrada nuestro protagonista volador, todo un privilegiado, ya que logra introducirse a modo de polizonte y sin pasar controles, en el vuelo TK 1859 de Estambul con destino Madrid.

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