lunes, 24 de octubre de 2011

Nunca antes deseé tanto matar a alguien


Oli avanzaba por esa extraña máquina buscando el origen del penetrante olor que lo había conducido hasta allí; le costaba respirar, notaba que sus fosas se secaban al instante, aun así no pensaba en retroceder ningún paso; su objetivo era tomar una muestra de ese olor y volver triunfante, a la pocilga de la que había salido. 

Quizás Trastamara se fijara otra vez en él, tras la discusión del pasado martes hacía ya unos días que no la fecundaba .  Aunque eran medio primos, ese tipo de relaciones era bastante habitual en su especie, son como los Habsburgo pero sin que los hijos salgan mongólicos. 

El pensar en ella le dio más seguridad en sí mismo; se armó de valor y comenzó a volar a una velocidad mayor, ágilmente esquivaba objetos, manotazos y cabezas pero conseguía mantener el equilibrio. Una pasajera estuvo a punto de darle caza, pero logró hábilmente zafarse de su ahora nueva archi enemiga.

El aire desprendido por ese desaire fue aprovechado por Oli para tomar impulso y llegar rápidamente al lugar de los hechos. Planeo hasta posarse en el suelo y comenzó a besar el suelo cual ritual papal, después se frotó por la mancha empapándose de la fragancia y una vez que hubo satisfecho sus deseos se levantó con intención de salir de aquel extraño lugar y recuperar de nuevo el amor perdido. 

Era desagradable andar cubierto de aquel líquido, además de marearlo le escocía, pero ya lo decían las féminas para presumir hay que sufrir, y ese sufrimiento bien merecía bien la pena.

Voló tambaleándose unos metros y fue entonces cuando cayó desplomado sobre el suelo enmoquetado tras pegarse un golpe antes con un reposa manos que se encontraba próximo al pasillo. Aunque había perdido el conocimiento al menos nuestro protagonista no se encontraba a la vista de todos, yacía debajo de uno de los asientos, en la más absoluta oscuridad pero desamparado y expuesto a todo tipo de peligros. 
Pero no será hoy el día que se los desvele.

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