miércoles, 8 de junio de 2011

Patea una lata y tendrás 7 años de mala pata

Mi frustación con las latas viene ya desde hace tiempo, digamos que desde que deseaba fervientemente una de esas latas de CocaCola que se movían al son de una canción de mierda que en su tiempo sonaba a gloria, y que por desgracia nunca me regalaron.
Recuerdo mi primer encuentro con ella, fue durante el cumpleaños de una amiga; cuando la vi de lejos moviéndose de esa forma tan sexy, tan atrayente, tan... ¡puf! es una sensación tan difícil de explicar que, es mejor que lo comprobeis vosotros mismos.


Bueno otra de mis experiencias frustradas con latas tuvo lugar cuando fue incapaz de hacer un lapicero con una de ellas, por lo visto era necesario pasar un rato restregando la lata contra el asfalto para conseguir quitarle la tapa, una vez conseguido tenías un bonito lapicero, lapicero que por supuesto nunca llegué a conseguir.

O cuando metí monedas y después no pude sacarlas y acabé cortándome; o bien cuando quitaba y quito la anilla buscando una inicial determinada y siempre me sale la K, la W o la Y...

En fin, un sinfín de malas experiencias con latas de las que hoy me doy cuenta sin necesidad de psicoanalista; y que explica mi profundo odio hacia las latas.
Aunque eso no quita que no valore y admire estas esculturas que se exponen en un lugar de cuyo nombre, no es que no quiera acordarme sino que simplemente desconozco.








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