martes, 10 de mayo de 2011

He vuelto ¿Ves que bien? Que suerte tengo y tienes tú también

Llegas y no hay nadie, casi que mejor aunque se acabe de ir. Puedes gozar de esos como mucho 2 minutos de soledad hasta que alguien de su padre y de su madre aparezca, se ponga a tu lado interfiriendo tu espacio vital y si se levantó con buen pie te diga un buenos días/tardes/noche. Tu como tienes la música a todo volumen no lo escucharás y verás como una persona que se dirige a ti mueve los labios. Tu te quitas los cascos con pesar y le dices "perdón ¿qué has dicho? en un tono agradable que esconde el malestar que provoca el tener que interrumpir seguramente la mejor parte de una canción para tener que escuchar cualquier gilipollez. "Ah nada hola" "Ah hola" "¿hace mucho que ha pasado el último?" "no lo sé, yo acabo de llegar". Se corta la conversación. ¡Thanx God!
Es ahí cuando empieza el qué hora es, miras el móvil, lo guardas, dos segundos después, qué hora era, vuelves a sacarlo, lo miras, esta vez con conciencia; cambias de canción varias veces, ninguna te satisface; y cada vez llega más gente, más olores, más sudores...
Al fin ha llegado, todo lo bueno se hace esperar.
Ahora solo rezas para no encontrarte con nadie "conocido" con el que tienes la obligación social de mantener una conversación de silencios y miradas por el cristal.










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